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El TDAH es un trastorno de causa aún no totalmente conocida
aunque recientes estudios apuntan a que se trata de una patología
de base neurobiológica y en donde pueden estar implicados
factores genéticos y ambientales. Actualmente se considera
que el Déficit de Atención con Hiperactividad está
relacionado con una falta de balance en la producción cerebral
de dos neurotransmisores: Dopamina y Noradrenalina
Este trastorno se manifiesta por tres grupos de síntomas:
inatención, impulsividad, e hiperactividad. Dichos síntomas
deben ser más frecuentes, intensos y duraderos que los propios
de la edad y producir alteraciones significativas en la adaptación
escolar, familiar o social. Se distinguen tres subtipos de TDAH:
a) Subtipo combinado, cuando se dan los tres grupos de síntomas;
b) Subtipo hiperactivo-impulsivo y
c) Subtipo atencional.
Los niños con TDAH son muy "movidos" e impulsivos,
y tienen problemas para prestar atención y para concentrarse.
Aún a pesar de intentarlo, son incapaces de escuchar correctamente,
de organizar sus tareas, de seguir instrucciones complejas, de trabajar
o jugar en equipo. El actuar sin pensar (la conducta impulsiva)
provoca problemas con padres, amigos y profesores. Suelen ser niños
inquietos, siempre en movimiento, incapaces de permanecer sentados
mucho tiempo o con una constante inquietud (que se ve en tamborileo
de dedos, movimiento constante de los pies o las piernas, etc.).
El TDAH es un trastorno del comportamiento relativamente frecuente
pues alrededor del 5% de todos los niños. Afecta más
a los varones (3:1). Cabe esperar que en un aula escolar normal
se encuentre al menos un alumno que presente un TDAH. Es un problema
que se prolonga hasta la adolescencia y la edad adulta, aunque los
síntomas y en especial la hiperactividad suele atenuarse,
produciendo gran malestar emocional al sujeto y familiares.
Un niño con TDAH que no recibe un diagnóstico y/o
un tratamiento correctos tiene altas probabilidades de sufrir, a
lo largo de su desarrollo, un notable deterioro de su rendimiento
escolar, de sus relaciones familiares y de su entorno social.
Alrededor del 50% los niños con TDAH presentan además
otras alteraciones (comorbilidad) siendo las más frecuentes
el Trastorno Negativista Desafiante, los Trastornos de Conducta,
Trastornos Emocionales (ansiedad, depresión) y Alteraciones
Específicas del Aprendizaje (acalculias, dislexia...).
En la evaluación la entrevista a los padres es decisiva.
Frecuentemente es difícil confirmar el diagnóstico
de TDAH sólo con la entrevista del niño o del adolescente,
ya que algunos niños y muchos adolescentes son capaces de
mantener la atención y el control conductual mientras están
en la consulta. Además, no es frecuente que perciban las
dificultades propias, y no son capaces de referirlas adecuadamente.
Son especialmente importantes las preguntas acerca de la historia
familiar de TDAH, otros trastornos psiquiátricos, y problemas
sociales (p. ej. pobreza, psicopatología parental o ausencia
de ésta, conflictos familiares), dada su relación
con el pronóstico. Hay que descartar la existencia de alteraciones
sensoriales siendo conveniente además la realización
de un EEG, hemograma y bioquímica que conlleve el estudio
de la función tiroidea afín de descartar otras causas.
El diagnóstico siempre es clínico y se debe recoger
información de diferentes contextos relevantes en la vida
del niño (familia y escuela). No es necesario ninguna prueba
médica para corroborar el diagnóstico.
El tratamiento debe ser multimodal (médico, psicológico,
pedagógico y orientación familiar). Los objetivos
del tratamiento del TDAH son: a)Mejorar o anular los síntomas-guía
del TDAH; b)Reducir o eliminar los síntomas asociados y,
c) Mejorar las consecuencias del TDAH: aprendizaje, lenguaje, escritura,
relación social, actitud/comprensión en el entorno
familiar, etc
Los tres pilares básicos del son: a) Información exhaustiva
a padres y profesores; b) Tratamiento farmacológico y, c)
Tratamiento psicológico y psicopedagógico.
El tratamiento farmacológico es imprescindible en 7 de cada
10 niños con TDAH, y tiene que individualizarse en cada niño,
identificando la dosis mínima eficaz y bien tolerada por
el mismo. Aunque hay otras alternativas farmacológicas, el
tratamiento habitual es mediante psicoestimulantes (en nuestro país
el único disponible es el metifenidato) que mejoran la liberación
de noradrenalina y dopamina.
Consejos para padres:
• Educar un niño con TDAH es una tarea difícil.
Los padres deben prestarse apoyo, no culpabilizar al otro de lo
que está sucediendo y ser coherentes. Confirme el diagnóstico
de TDAH en su hijo mediante profesionales capacitados. No es que
no quiera es que no puede.
• Llevar a cabo estrategias que faciliten al niño el
desarrollo de sus habilidades sociales. No tienda al asilamiento
familiar ni social.
• Provea a su hijo de un ambiente tranquilo, sin distractores
y con un control y supervisión estrecho.
• Establezcan límites claramente delimitados.
• Haga un listado sólo de aquéllos comportamientos
que considera más inaceptables, ignorando lo demás
afín de no entrar en discusiones generalizadas y en guerras
innecesarias.
• Establezcan consecuencias positivas o negativas claramente.
• Organicen y supervisen su agenda. Secuencie las tareas en
partes con ligeros descansos.
• Recompensen a su hijo frecuentemente y en especial, de forma
cercana al momento en que ha exhibido un buen comportamiento. Prefiera
las recompensas (¡Qué bien que has hecho esto!) a los
castigos (¡Nunca vas a cambiar!). Premien, alienten, aprueben
y asistan más que corregir y castigar.
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