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LOS LLANTOS, PATALEOS, CAPRICHOS, DESOBEDIENCIAS…
CRITERIOS PARA COMENZAR A EDUCAR LAS EMOCIONES Y LA AFECTIVIDAD |


- Resumen
de la conferencia impartida por FERNANDO R. RETAMAR, Máster en educación por
1.
El
derecho y el deber que tenemos los padres de educar a los hijos surge del
propio amor que les tenemos.
a)
La
propia definición aristotélica del amor como “querer el bien para el otro en
tanto otro” nos lleva a concluir que querer a alguien supone contemplar las
cualidades y potencialidades de esa persona y comprometerse con hechos a
ayudarle a desarrollarlas, de modo que esa persona alcance su propia plenitud.
b)
Así
pues los llantos, pataletas, desobediencias merecen nuestra atención no tanto
porque supongan un problema para nosotros, los adultos, sino porque son una
oportunidad educativa para él, una llamada para que lo ayudemos a superarse a
sí mismo
2.
Para
que estas ocasiones no sean un mero “quitarse el problema de encima” sino una
verdadera actuación educativa (a corto, medio y largo plazo) hace falta
convertirlas en un proceso intencional, un proceso educativo que con José
Antonio Alcázar podríamos resumir en 7 pasos:
a)
Enseñar:
Ofrecer la verdad y ayudar a descubrirla personalmente, en la medida de la edad
y la propia capacidad.
b)
Hacer
pensar. En la medida que piense las cosas tendrán sentido para él.
c)
Ayudar
a poner el corazón: disfrutar haciendo las cosas bien, ayudar a descubrir la
alegría de la obra bien hecha
d)
Fomentar
la decisión, favorecer el ejercicio de la libertad. Conseguir que el niño, a su
nivel, se comprometa con su propia mejora
e)
Ayudar
a concretar. Nada de propósitos generales: materializar los grandes proyectos
en cosas pequeñas que se puedan hacer y medir hoy. Cuanto más asequibles,
mejor, pues nos permiten pasar con moral alta a un objetivo superior.
f)
Acompañar.
Que en todo momento sienta y vea que estamos a su lado en su lucha por mejorar,
que nos importan de verdad su esfuerzo y sus éxitos.
g)
Exigir.
Poner al niño frente a sus propios compromisos y actuar en consecuencia.
Reforzar con nuestra autoridad su voluntad aún débil.
3.
Con
preescolares será especialmente importante cuidar la vía de la sensibilidad, la
coherencia de los padres, el valor del ejemplo. También puede ser útil enseñar
con cuentos. Y siempre con alegría y buen humor: hay que aprender a contar con
el tiempo
4.
A
la hora de ir fortaleciendo la personalidad de nuestros hijos también puede
resultar muy útil conocer y aprovechar los periodos sensitivos, esos momentos
en que la propia formación del cerebro y su madurez personal favorecen el
desarrollo de determinadas habilidades, capacidades o virtudes.
5.
Para
prevenir o superar por elevación las pequeñas dificultades que los niños
presentan en su proceso madurativo parece muy indicado trabajar con ellos
hábitos que puedan convertirse con el tiempo en verdaderas virtudes, valores
que se han convertido en parte de su vida, mucho más allá de un simple
conocimiento y aprecio teóricos. En concreto se sugiere trabajar
a)
La
justicia. Aprender que además de lo “mío” está lo “tuyo” y lo “suyo”, a dar a
cada uno lo que le corresponde, empezando por la debida consideración y respeto
La
gratitud es una excelente forma de trabajar la justicia. Que los niños aprendan
que no tienen derecho a todo y han de agradecer lo que se les da.
Generosidad.
Ir trabajándola con pequeños actos que les ayuden a salir de sí mismos y a
pensar en los demás.
b)
Sinceridad
c)
La
obediencia, por poco de moda que esté, es un modo muy eficaz de educar la
libertad. Nos hacemos libres obedeciendo, porque desarrollamos una facilidad
para perseguir bienes no inmediatos y nos hacemos capaces de seguir los
dictados de una opinión que consideramos buena (ahora quizá la de los padres,
después la de la propia conciencia)
Tiene
especial interés cultivar desde pequeños el carácter libre y responsable de las
acciones, que las hace más valiosas. No se puede exigir una sumisión total,
indigna de un ser humano.
d)
El
orden
e)
La
reciedumbre, que tampoco está de moda pero que hace capaces a los niños de
pasar por encima de sus caprichos, de dilatar la recompensa y por tanto de ser
verdaderamente libres, capaces de trazar su futuro.
Hay
que declarar la guerra a los caprichos, gestionándolos de modo inteligente, con
sentido positivo y mentalidad de fiesta.
6.
Ciertamente
plantearse la educación en estos términos exige más esfuerzo a los padres que
simplemente ir saliendo de las situaciones, pero los resultados suelen
compensar sobradamente. En primer lugar por la plenitud y felicidad del hijo y,
en segundo término, porque trabajar más cuando los niños son pequeños suele
conllevar trabajar menos cuando son adolescentes y jóvenes, momentos en que la
eficacia del trabajo materno y paterno es mucho menor.