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Fomentando la responsabilidad. Los encargos en casa, los premios
y los castigos. ¿Cómo, cuándo y en qué
medida?
Entendemos por desarrollo
el conjunto de cambios que se dan en una persona debido a factores
ambientales y de maduración, con el fin de adaptarse al medio.
Ese desarrollo al que nos referimos, se produce en cuatro grandes
ámbitos: intelectual, corporal y motor, afectivo, social
y moral. Son varios los agentes que intervienen. Los más
importantes, la familia (el primero y fundamental) y la escuela;
sin olvidar la importancia que tienen los amigos, los medios de
comunicación… Familia y escuela son, como ya apuntábamos
antes, los dos pilares fundamentales sobre los que recae la tarea
de educar, y por lo tanto es necesaria la colaboración entre
ambas.
¿Qué entendemos
por Responsabilidad?
- La habilidad para responder adecuadamente
a las situaciones que se le presentan, dentro de los límites
de las normas sociales y de las expectativas comúnmente aceptadas.
- Capacidad para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho
realizado libremente.
¿Cómo educar
a nuestros hijos en la responsabilidad?
Antes mencionábamos que en
el proceso de desarrollo juega un papel determinante el medio o
ambiente en el que se produce, y que son dos los agentes fundamentales:
familia y escuela. Dependiendo del modelo familiar, el desarrollo
se producirá en una u otra dirección. Sin ánimo
de ser exhaustivos, podemos afirmar que hay cuatro modelos de familia
tipo: Autoritaria, permisiva, sobreprotectora, asertiva. Cada modelo
genera genera un determinado estilo educativo.
En el aprendizaje de la responsabilidad
juegan una papel importante las NORMAS. La vida social está
llena de normas. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que
el proceso de socialización es un proceso de asunción
de pautas sociales y culturales que básicamente son normas.
SIN NORMAS, NO HAY SOCIALIZACIÓN, NO HAY EDUCACIÓN.
Para educar a nuestros hijos
en la responsabilidad, es necesario:
- Presentarle modelos responsables (nosotros mismos).
- Crear expectativas positivas.
- Utilizar tareas y obligaciones para crear responsabilidad.
- Ser coherente. Evitar ser arbitrario.
- Presentar un sistema de recompensas por ser responsables.
Por último, en este proceso de educar en la responsabilidad,
vamos a abordar lo que podríamos denominar “reforzadores”:
unos de tipo positivo, los premio; otros de tipo negativo, los castigos.
Ambos comparten finalidad: facilitar la adquisición de determinadas
conductas.
LOS PREMIOS Y LOS CASTIGOS pretenden
reforzar determinados hábitos o conductas.
Según la inmediatez de la conducta
pueden ser previstos o imprevistos.
Según el componente: afectivos, materiales, relacionados
con la autonomía.
Hay que tener en cuenta que los premios pueden modificar la conducta,
pero no necesariamente las actitudes y motivaciones, por lo que
hay que combinarlos con otras acciones educativas.
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